AgroGreen Story

01 Déc, 2021
“En plena luz del día hasta los sonidos brillan” Fernando Pessoa En Lisbon Story (Wim Wenders, 1994) un técnico de sonido viaja desde Frankfurt hasta Lisboa en coche porque un amigo suyo, Fritz, director de cine, le ha escrito una postal desde Lisboa para decirle que necesita su ayuda para grabar los sonidos de la […]

“En plena luz del día hasta los sonidos brillan

Fernando Pessoa

En Lisbon Story (Wim Wenders, 1994) un técnico de sonido viaja desde Frankfurt hasta Lisboa en coche porque un amigo suyo, Fritz, director de cine, le ha escrito una postal desde Lisboa para decirle que necesita su ayuda para grabar los sonidos de la ciudad, ya que está haciendo una película allá.

Hace unas semanas, viajando entre Madrid y Coruche por trabajo, pensé bastante en esta película, en Philip Winter y sus sonidos de la vida.

Pocos días antes, en San Fernando de Henares, habíamos empezado un intenso trabajo de dos semanas que culminaría luego en Portugal.

En las adyacencias del río Henares, entre el 1 y el 5 de noviembre, en el Centro Nacional de Tecnologías de Regadíos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, varios investigadores del proyecto AgroGreen-SUDOE nos dedicamos a instalar distintos muestreos con el fin de medir gases de efecto invernadero emitidos por el suelo al lado del río. Estos puntos de muestreo por lo general se instalan en tres localizaciones: la primera es muy cerca del cauce del río (dos metros), la segunda cerca (a unos veinte metros) y la última no tan cerca (a unos cincuenta metros). Esto último lo aprendí (o intuí) después de varias idas al campo con personas que saben mucho de esto, y con quienes estoy muy agradecido, pues la verdad es que aprender sobre agricultura, suelo, aire y agua es algo que me entusiasma cada vez más. También durante esta semana, organizamos desde el proyecto una visita de estudiantes de 2º de la ESO al lugar donde llevamos a cabo los experimentos, todo ello en el marco de la XXI Semana de la Ciencia y la Innovación de Madrid.

Entre las cosas que medimos, principalmente se encuentran tres gases: óxido nitroso (N2O), metano (CH4) y Dióxido de Carbono (CO2); y esto lo podemos hacer de distintas maneras: con cámaras automáticas (a través de un picarro), con cámaras manuales, e incluso con un gasmet. La recogida de datos mediante distintos métodos permite un posterior análisis más exacto de los gases de efecto invernadero emitidos por el suelo en las orillas del Henares, el Sorraia y el Garona. De los ríos Sorraia y Garona no he hablado todavía, pero entiéndase que estos dos son, el equivalente del Henares en Portugal y Francia, respectivamente, en términos de los propósitos de AgroGreen-SUDOE, un proyecto de cooperación transnacional, que viene siendo una de las cosas más bonitas de este proyecto, pues ello genera inevitablemente un intercambio entre sus participantes no solo científico, sino cultural y humano. Esto último lo sentí sobre todo en Portugal, en donde estuvimos entre el 7 y el 12 de noviembre.

El Sorraia es un río de Portugal, y es el afluente portugués del Tajo con la cuenca hidrográfica más amplia. El río Sorraia nace en la freguesia de Couço, perteneciente al concelho de Coruche, en el distrito de Santarém, de la unión de los arroyos de Sor y de Raia, que también se funden en su nombre. Pasa por las ciudades de Coruche y Benavente, y tras recorrer 155 km desemboca en el Tajo por la margen derecha en Ponta da Erva, junto a Alcochete, distrito de Setúbal. Esto último lo he leído en Wikipedia, porque antes no lo sabía, y lo de los arroyos Sor y Raia me parece hermoso.

A Coruche llegamos el domingo por la tarde, cerca de las 17 horas (hora de Portugal), y fuimos directo al campo, adonde sería el ensayo, pues había que preparar el terreno para la semana.

Coruche es de esos lugares a los que vas y piensas: “si no fuera por trabajo, probablemente no habría venido acá”, y esos son mis lugares favoritos, los inesperados, los aleatorios, los que suelen servir de fondo a una película de los hermanos Coen, como dijo en un momento Alberto.

En Coruche abunda el alcornoque (Quercus suber), de donde sale el corcho; tanto así, que Coruche es considerada la capital mundial del corcho (lo dice en la entrada del municipio), y probablemente sea Coruche la responsable de que Portugal produzca el 70% de corcho del mundo. Esto último lo leí en un mapa que cogí en la recepción del hotel, no en Wikipedia.

A Coruche llevamos el picarro, el gasmet, las cámaras automáticas y las cámaras manuales; todo para medir lo mismo que medimos en su momento en Madrid, pero es distinto cuando estás lejos de casa, y no digo el proceso de trabajar, sino lo que viene antes y después: hotel, desayuno, comida, reunión; todo lejos de la ciudad a la que uno cree pertenecer, y no es que sea una sensación extraña, pero sí es diferente. En lo personal, viajes como estos me hacen pensar “¿cómo llegué yo hasta aquí?”, y lo digo en un sentido bastante positivo, pero lo positivo no quita lo extraño.

Durante cinco días en Coruche los miembros del equipo AgroGreen-SUDOE mezclamos castellano, francés, inglés y portugués en cantidades no determinadas (nos faltó medir eso), y lo cierto es que, más allá del idioma, a la hora de hacer lo que se tenía que hacer la buena disposición estaba siempre presente, tanto para resolver los inconvenientes técnicos que a lo largo de la semana se fueron presentando, como para armar una de las comidas más ricas que recuerdo en los últimos tiempos en medio del campo portugués.

A mitad de semana, parte del equipo debía ir a Lisboa para la reunión semestral del Comité de Gestión del Proyecto, y yo volví a pensar en Philip Winter, con su escayola en el pie derecho, grabando los sonidos de Lisboa para una película en sepia y muda que su amigo dejó en una pensión de la ciudad. Si lo pensamos bien, puede que grabar sonidos sea también una forma de medir lo que nos rodea, otra manera de intentar crear memorias. Y lo mismo para gases que emite el suelo sobre el que andamos.

En Lisboa desemboca el Tajo, el río más largo de la península ibérica, ese que nace en los Montes Universales, ese que pasa por Toledo y que al llegar a Portugal se convierte en Tejo. Sobre el Tejo se construyó uno de los puentes más largos del mundo, el Vasco da Gama. Por ahí entramos a Lisboa, y por ahí la dejamos también.

Me gusta pensar en AgroGreen-SUDOE como un puente, uno que conecta ciencia y sociedad, uno que reúne gente de todas partes para recopilar datos e información que nos permitan eventualmente mejorar la manera en la que hacemos muchas cosas en torno a la agricultura y los sistemas agroalimentarios. Un puente que busca mejorar la manera en la que vivimos.

A Madrid volvimos en coche también, y es curioso como las cosas de vuelta no se ven igual que en la ida, todo es siempre cuestión de perspectiva. “Tejo is the only witness of our lives, not the city”, dice un músico a mitad de Lisbon Story, con el Puente 25 de abril en el horizonte. Quizás pase lo mismo con los ríos de otras ciudades, agua dulce siendo testigo de lo que vivimos, de lo que soñamos, y de cómo algunos intentamos hacerlo mejor, un día a la vez.


Texto y fotografías de Hamid Yammine,

investigador del CEIGRAM y del proyecto AgroGreen-SUDOE.

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